Transformación: salir del molde – Nuestra experiencia en HACIA Democracy

Por: Luz María Grinda

Colombia

Como alumnos de Prepa Plenus, tenemos la oportunidad de vivir experiencias que van más allá del salón de clases. Cada año, algunos de nosotros tenemos la posibilidad de salir de México y conocer un país distinto, que puede o no parecerse a lo que estamos acostumbrados a llamar “normal”. Nuevas culturas, acentos, idiomas, formas de vestir, de bailar, de comer y de expresarse, todo acompañado por el arte que se encuentra en sus calles, murales y museos.

Este año, nuestra aventura nos llevó a la llamada Ciudad de Oro, Bogotá, Colombia, donde participamos en HACIA Democracy, un espacio de diálogo, aprendizaje y encuentro con jóvenes de toda Latinoamérica.

Desde que llegamos, no solo descubrimos un país nuevo, también nos descubrimos entre nosotros. Éramos un grupo de estudiantes, desde tercero de secundaria hasta último año de preparatoria, que poco a poco se fue convirtiendo en algo más que compañeros de viaje.

Subimos juntos a Monserrate, respirando el aire fresco entre los árboles y observando el vuelo de los colibríes. Compartimos asombro ante las vistas, pero también compartimos momentos simples, como once personas usando solo dos cámaras, riendo y descubriendo talentos que no sabíamos que teníamos. Preguntarnos “¿cómo te llamas?” dejó de ser una formalidad para convertirse en un acto de verdadera curiosidad.

Después, al visitar el Museo del Oro, entendimos algo más profundo. Las piezas que veíamos no seguían un molde: cada una era única, cada una era su propio molde. Había aretes tejidos con hilos de oro tan finos que era necesario observarlos con lupa para distinguir dónde comenzaba uno y terminaba otro. También vimos esmeraldas impresionantes, cargadas de historia y significado.

Mientras recorríamos el museo, comentábamos entre nosotros lo que cada pieza representaba. Era como estar en un salón de clases, pero diferente: estábamos aprendiendo juntos, sorprendidos, atentos, siendo cómplices de algo que no queríamos perdernos. Era aprendizaje, pero también era emoción.

Lo que comenzó como un viaje escolar se fue transformando en una pequeña comunidad donde podíamos ser nosotros mismos.

Un día antes de iniciar los debates y conocer a estudiantes de distintos países, nos reunimos para estudiar y prepararnos. Nos ayudamos unos a otros, resolviendo dudas, apoyando a quienes se sentían nerviosos y celebrando cada pequeño logro. Sacar adelante un proyecto así no es fácil, y todos lo sabíamos. Por eso, cuando a alguien le costaba más, los demás se quedaban, aunque ya pudieran irse. En ese momento entendimos que la dificultad de uno podía convertirse en la de todos, y que el logro también se compartía.

El día del evento caminamos juntos hacia el recinto, vestidos formalmente, entre nervios y emoción, aunque predominaba la emoción. Todo comenzó con un show de talentos que marcó el inicio de algo especial. Escuchamos voces que llenaron el espacio, vimos bailarinas que cautivaron al público con cada movimiento, e instrumentos que convirtieron los pasillos en un lugar donde era imposible no querer levantarse a bailar.

En medio de todo eso, demostramos que México sabe hacerse notar, que podemos compartir lo que somos con orgullo y convertir cualquier momento en algo inolvidable. Vivimos emociones que nos permitieron mostrarnos tal cual somos, dejando que otros conocieran partes de nosotros que antes nos daba pena enseñar.

Fue entonces cuando entendimos que eso que nos hace diferentes no es algo que debamos esconder, sino algo que nos define. No solo frente a otros países, sino también frente a las personas con las que convivimos todos los días.

Dejamos de juzgarnos como lo hacíamos antes, aligeramos nuestros pensamientos y soltamos aquello que nos impedía brillar. Experiencias como esta no solo nos permiten descubrir nuevas partes de nosotros mismos, sino incluso crearlas.

Y todo eso puede suceder en tan solo unos días.