Tener ejemplos de personas que han encarnado virtudes como la fortaleza es fundamental para nuestra formación humana. Son modelos a seguir, nos muestran cómo se manifiesta la fortaleza en acciones concretas, en decisiones difíciles y en la manera de afrontar la adversidad. Nos brindan inspiración y motivación. Aprendemos la importancia de la fuerza de voluntad, la resiliencia, la disciplina, la paciencia y la determinación. Son como faros que iluminan nuestro camino, nos inspiran a ser mejores y nos muestran que la grandeza humana reside en la capacidad de superar los desafíos con coraje y determinación.
En el contexto de que estamos en el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen María y que en nuestro Colegio Plenus estamos reflexionando sobre la virtud de la fortaleza, les presento a María como ejemplo de fortaleza, tal como la presenta el Papa Francisco en la “Exhortación Apostólica Postsinodal Christus Vivit”.
María es el gran modelo para una Iglesia joven, que quiere seguir a Cristo con frescura y docilidad. Cuando era muy joven, recibió el anuncio del ángel y no se privó de hacer preguntas (cf. Lc 1,34). Pero tenía un alma disponible y dijo: «Aquí está la servidora del Señor» (Lc 1,38).
«Siempre llama la atención la fuerza del “sí” de María joven. La fuerza de ese “hágase” que le dijo al ángel. Fue una cosa distinta a una aceptación pasiva o resignada.
Fue algo distinto a un “sí” como diciendo: bueno, vamos a probar a ver qué pasa. Era decidida, supo de qué se trataba y dijo “sí”, sin vueltas. Fue algo más, fue algo distinto. Fue el “sí” de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes. ¿Se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante? María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”. Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano. ¡María no compró un seguro de vida! ¡María se la jugó y por eso es fuerte, por eso es una influencer, es la influencer de Dios! El “sí” y las ganas de servir fueron más fuertes que las dudas y las dificultades».
Sin ceder a evasiones ni espejismos, «ella supo acompañar el dolor de su Hijo […] sostenerlo en la mirada, cobijarlo con el corazón. Dolor que sufrió, pero no la resignó. Fue la mujer fuerte del “sí”, que sostiene y acompaña, cobija y abraza […] De ella aprendemos a decir “sí” en la testaruda paciencia y creatividad de aquellos que no se achican y vuelven a comenzar».
María era la chica de alma grande que se estremecía de alegría (cf. Lc 1,47), era la jovencita con los ojos iluminados por el Espíritu Santo que contemplaba la vida con fe y guardaba todo en su corazón de muchacha (cf. Lc 2,19.51). Era la inquieta, la que se pone continuamente en camino, que cuando supo que su prima la necesitaba no pensó en sus propios proyectos, sino que salió hacia la montaña «sin demora» (Lc 1,39).
Fuente: Papa Francico, Exhortación apostólica Postsinodal Christus Vivit, 43-46, tomada de: www.vatican.va