Algunos estudios señalan que, actualmente, los jóvenes muestran una tendencia a la infelicidad, la soledad y la falta de propósito. Informes recientes (Harvard, UNESCO, World Happiness Report) señalan que la infelicidad y la desesperanza están alcanzando niveles récord entre las nuevas generaciones. Esta realidad es llamativa si consideramos que cuentan con más oportunidades educativas, acceso a la información y derechos que generaciones anteriores.
El aumento de la infelicidad entre los jóvenes no es fruto de una sola causa, sino el resultado de una compleja interacción de factores culturales, sociales, tecnológicos y personales. Los estudios recientes, como el análisis del profesor Arthur C. Brooks de la Universidad de Harvard, han identificado varios elementos clave que explican por qué la juventud actual se siente más sola, ansiosa y desmotivada que nunca, entre ellos destacan la falta de un propósito vital claro, la soledad y el debilitamiento del sentido de comunidad.
La pérdida de propósito diluye la motivación y alimenta la apatía, haciendo que la vida pueda percibirse como una sucesión de rutinas vacías. Paralelamente, en la era de la hiperconectividad, la soledad se ha vuelto una epidemia. Las interacciones digitales, a menudo superficiales, no suplen la necesidad de amistades profundas, lazos familiares sólidos y un sentido de pertenencia.
Frente a este panorama, en nuestro Colegio vemos la necesidad de formar a nuestros hijos e hijas en el valor de la magnanimidad.
Magnanimidad es una palabra latina, compuesta por “magnus” y “animus”, que literalmente significa “alma grande”. La magnanimidad es uno de los rostros de la generosidad, entendida ésta no solo como el dar cosas, sino especialmente darse, donarse, dedicarse en cuerpo y alma a lo que se hace. Formar para la magnanimidad implica formar para la grandeza: Implica educar el corazón, para que nuestros hijos no se dejen llevar por la mediocridad, por lo fácil o cómodo, sino para que sean capaces de proponerse metas altas, emprender acciones nobles y generosas, y superar la individualidad o el egoísmo.
El Papa Francisco lo describió cuando hablaba a jóvenes estudiantes: “Siguiendo lo que nos enseña San Ignacio, en la escuela el elemento principal es aprender a ser magnánimo. La magnanimidad: esta virtud del grande y del pequeño, que nos hace siempre mirar hacia el horizonte. ¿Qué quiere decir ser magnánimo? Significa tener un gran corazón, tener un alma grande, quiere decir tener grandes ideales, el deseo de lograr grandes cosas en respuesta a lo que Dios pide de nosotros, y para ello hacer las cosas bien todos los días, todas las acciones cotidianas, los compromisos, los encuentros con la gente; hacer las pequeñas cosas de todos los días con un gran corazón abierto a Dios y a los demás”. (Discurso del Papa Francisco a los estudiantes de las escuelas Jesuitas de Italia y Albania, 7 de junio de 2013).
Fuente: psicologiaymente.com