«Todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias» (Carlo Acutis).
En Colegio Plenus soñamos con niños, adolescentes y jóvenes que viven plenamente la virtud de la honestidad. Nuestro anhelo va más allá de que ellos y ellas sean honestos, digan la verdad o sean honrados. Se trata de que con su vida ellos sean influencers del valor de la honestidad.
Hoy les compartimos un texto sobre los “influencers del alma”, Carlo Acutis y Giorgio Frassati y algunas pistas para formar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes en valores, de manera que su vida se vuelva inspiración para los demás.
¿Qué tipo de influencia queremos que nuestros hijos ejerzan? En un mundo donde millones de jóvenes comparten contenido a diario en redes sociales, es urgente recuperar el verdadero sentido de ser “influencers”: personas capaces de tocar vidas, provocar reflexión y sembrar esperanza. Como padres, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de formar a nuestros hijos para que sean luz, tanto en el mundo digital como en el real.
La canonización de San Carlo Acutis —conocido como el “apóstol de internet”— nos recuerda que es posible vivir la fe con autenticidad en la era digital. Carlo usó su talento en programación para crear sitios web que evangelizaban, y nunca permitió que su popularidad fuera motivo de vanidad. Su coherencia entre vida y mensaje es hoy ejemplo para millones.
San Pier Giorgio Frassati, por su parte, vivió en otra época, sin tecnología, pero con el mismo impulso: inspirar a sus amigos desde la fe, el compromiso social y el amor a la naturaleza. Ambos jóvenes son testimonio de que el corazón bien formado es la mejor red de conexión.
Aquí algunas claves para formar a nuestros hijos como verdaderos “influencers del alma”:
Autenticidad sobre apariencia: Ayudemos a nuestros hijos a entender que lo que publican debe reflejar lo que son. Si en casa se valora la verdad, la compasión y el respeto, esos valores deben también vivirse en sus redes.
Educación emocional y espiritual: Formar un juicio crítico frente al contenido que consumen y comparten. ¿Lo que siguen los acerca o los aleja de su propósito? ¿Les ayuda a crecer o los dispersa?
Tiempo de calidad fuera de pantalla: La mejor forma de enseñar a usar bien las redes es no depender de ellas. El deporte, la oración, las conversaciones profundas, las salidas familiares, son espacios que refuerzan su seguridad personal y su sentido de pertenencia.
Historias que inspiran: En lugar de censurar o criticar lo que otros jóvenes comparten en internet, presentemos modelos que sí vale la pena seguir. Santos, líderes sociales, artistas comprometidos… personas reales que marcan la diferencia.
Acompañamiento cercano: No se trata de vigilancia ni de imponer. Se trata de caminar junto a ellos, con amor, diálogo y testimonio. Lo que más influye en nuestros hijos no es lo que decimos, sino lo que somos.
Las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa para el bien… si están en manos de corazones bien formados. Como padres, formadores y comunidad, estamos llamados a educar para que nuestros hijos no vivan en función de “likes”, sino de su vocación más profunda: amar, servir y transformar.
Que el ejemplo de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati nos inspire a formar jóvenes valientes, alegres y coherentes, verdaderos “influencers del alma” que siembran belleza, verdad y esperanza en un mundo sediento de sentido.
Fuente: enunion.org.mx
