Como docente de niños, adolescentes y jóvenes, me parece que la falta de autocontrol es una de las mayores carencias que ellos tienen. Dicho de otra manera, la “falta de autocontrol” es un déficit en el área de la voluntad que los pone a merced de sus impulsos y deseos.

Por autocontrol, entiendo la capacidad o habilidad de controlar los propios impulsos, emociones, necesidades y deseos. No nacemos con el “chip” del autocontrol, es un hábito a desarrollar con el paso del tiempo, mientras más pronto iniciemos a nuestros hijos en la formación de esta habilidad, más posibilidad tendrán de enfrentar con éxito las diversas dificultades que encontrarán día a día.

Nuestros niños y adolescentes viven un mundo muy diferente al que nosotros vivimos en nuestra infancia y adolescencia. Ellos viven en el mundo de lo inmediato, de lo fácil, donde todo es a control remoto, un mundo en el que la tecnología les ahorra tiempo y esfuerzo. Con la consecuente pérdida de la capacidad de esperar, de aprender a ser pacientes y tolerantes ante las frustraciones. Formarlos en el autocontrol o dominio de sí es un gran reto para nosotros. 

Como padres de familia es nuestra labor aportar oportunidades y contribuir al desarrollo del autocontrol, ya que el dominio de uno mismo les aportará importantes beneficios:

Fuente: educayaprende.com/