¡Danos hoy el respeto de cada día!

Por: Coordinación de Formación

Colegio Plenus Gral C 2024 2025 0022 E

Pareciera que en nuestro mundo, en el trato continuo con otros, hemos perdido (o estamos perdiendo) el respeto a los demás. Los prejuicios, la marginación, el odio, el lenguaje ofensivo e incluso la violencia y la guerra, no son sino síntomas de esta carencia global.

Ante la necesidad urgente de aprender a ver y a tratar a cada persona con profundo respeto, expresamos esta petición, inspirados en la oración del Padre Nuestro: 

¡Señor, danos hoy el respeto de cada día!

El libro del Génesis nos recuerda que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. De ahí se desprende que cada persona es una realidad sagrada, es digna y tiene valor en sí misma. Y así como Moisés fue invitado a quitarse las sandalias ante la presencia de Dios, porque pisaba tierra santa, así también nosotros estamos invitados a «quitarnos las sandalias» ante cualquier persona, a reconocer que quien está frente a nosotros es «tierra sagrada» y merece, por tanto, un trato respetuoso, basado en el reconocimiento de su dignidad.

El respeto es gracia, regalo y don de parte de Dios, pero la tarea de hacerlo posible en cada encuentro es nuestra. Por eso, la oración ¡Danos hoy el respeto de cada día! refleja la necesidad de aprender a respetar a los demás, y que sin ese don nuestra humanidad se empobrece. Pero al mismo tiempo, es aceptar una tarea urgente: amasar y hornear cada día “ese pan del respeto” con la levadura de nuestras acciones diarias. El respeto que anhelamos es una habilidad que se cultiva, no se encuentra, se hace; no se guarda, se comparte; no aparece de la nada, se construye. En cada “por favor”, en cada “gracias”, en cada disculpa sincera, en el trato amable, estamos respondiendo a nuestra propia oración, convirtiéndonos en manos que ofrecen el respeto que hemos pedido para nosotros.

¡Señor, danos hoy el respeto de cada día!
Danos tu mirada para ver el mundo y a los demás desde tu perspectiva.
Danos un corazón atento para aprender a mirar más allá de lo aparente.
Danos ojos sin prejuicios para reconocer tu presencia en cada rostro.
Danos una mirada compasiva, incluyente y amorosa, 
que se traduzca en un trato siempre respetuoso a los demás.
Amén.