Pieza a pieza: los valores que nos construyen

Por: Miss Laura Elena Ramírez Aguilar.

Aprender a respetar las reglas y reconocer los límites es una parte fundamental del crecimiento de los niños. Los límites no solo nos ayudan a distinguir lo que está bien de lo que está mal, también nos enseñan a convivir, tomar decisiones, asumir responsabilidades y comprender que nuestras acciones tienen consecuencias en nosotros mismos y en los demás.

Con este propósito, los alumnos de tercero de primaria realizaron en la clase de Religión una actividad llamada “El niño de los mandamientos”, una experiencia creativa en la que, a través del juego y una manualidad, reflexionaron sobre la importancia de los Diez Mandamientos en su vida cotidiana.

Durante la actividad, cada niño construyó una figura humana cuyas partes representaban enseñanzas y valores como la honestidad (8°), el respeto (2°), la verdad (8°), el amor a los padres (4°), la generosidad (10°) y el cuidado de los demás (7°). Al unir cada pieza, descubrieron que, así como las partes del cuerpo forman una persona, nuestras decisiones, actitudes y valores van construyendo poco a poco lo que somos.

Esta experiencia también permitió comprender que crecer no significa únicamente aprender cosas nuevas, sino aprender a ser mejores personas. Cada uno de nosotros se construye de manera individual, pero también en relación con los demás: nuestra familia, nuestros compañeros y la comunidad de la que formamos parte.

En nuestro Colegio reconocemos que la educación espiritual es una dimensión esencial de la formación integral. Por ello, mediante el canto, el juego, la reflexión y las actividades creativas, buscamos acercar a los niños a una vivencia de la fe que les permita encontrar esperanza, tranquilidad, confianza y sentido de pertenencia.

Los frutos de esta formación se manifiestan en las pequeñas acciones de cada día: cuando un niño comparte, pide perdón, dice la verdad, respeta un límite, ayuda a un compañero o reconoce que sus actos pueden hacer sentir bien o mal a otra persona.

Porque educar en la fe también es educar para la vida. Y cada experiencia que sembramos hoy puede convertirse mañana en una actitud de amor, respeto y responsabilidad hacia los demás.

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