Leyendo el libro de los Proverbios en la Biblia, encontré un texto que me hizo pensar en mis hijos y pensé también en la gran responsabilidad que tenemos como padres de familia: formar en ellos un corazón sabio, prudente, que los ponga en el camino de la rectitud, de la honestidad, y del pensar y actuar siempre respetando a los demás y buscando el bien común. El texto dice:
«Hijo mío, si se hace sabio tu corazón, también mi corazón se alegrará. Me alegraré de todo corazón si tus labios hablan con la verdad. Hijo mío, oye y hazte sabio de corazón, anda por el camino de la rectitud». (Proverbios 23, 15-16.19).
Formar en nuestros hijos un corazón sabio y prudente, que los ponga en el camino de la rectitud, es la gran tarea que tenemos como padres de familia. La rectitud es una virtud, una cualidad, una forma de vivir y de ser, y es señal de coherencia consigo mismo; es la firmeza del carácter y la disposición de la conciencia a buscar y realizar el bien.
La rectitud suele indicar la integridad, la honestidad, la honradez y la seriedad presentes en una persona. Cuando alguien muestra rectitud en su conducta o comportamiento, es porque cada acción está hecha con honestidad y siempre en relación con el bienestar común.
Hoy, muchos niños, adolescentes y jóvenes parecen haber perdido la “brújula” de la rectitud, del respeto por el otro, del obrar bien. Muchos de ellos carecen de límites, les falta la conciencia del otro, no diferencian entre una acción buena y una mala, “desconocen” (o no quieren reconocer) que algunas de sus acciones son claramente una falta de respeto a los demás. La rectitud es precisamente esa “brújula moral”, ese plus en la conciencia, que nos indica lo que es correcto y lo que es justo y bueno hacer o decir en cada momento; la rectitud nos indica también lo que está mal, lo que no se debe hacer.
Formar en la rectitud, en la conciencia recta, en la verdad, en la honestidad, en el respeto por los demás es el gran desafío que tenemos los padres de familia. No es solamente obligación de las instituciones educativas asumir lo que nos corresponde a nosotros; el Colegio podrá apoyar, reforzar los valores, pero no es su tarea… Formar el corazón de nuestros hijos e hijas es tan necesario como importante, tan esencial e íntimo; es, en definitiva, la misión que se nos ha confiado.
El Papa Francisco, reflexionando sobre el mismo texto bíblico citado al inicio, comenta que no se podría expresar mejor el orgullo y la emoción de un padre que reconoce haber transmitido al hijo lo que importa de verdad en la vida, o sea, un corazón sabio; el texto —dice el Papa— se podría interpretar así: «Hijo, seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud. Esto es lo que quise dejarte, para que se convirtiera en algo tuyo: el hábito de sentir y obrar, hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que pudieras ser así, te enseñé lo que no sabías, corregí errores que no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que tal vez no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te di un testimonio de rigor y firmeza que tal vez no comprendías, cuando hubieses querido solo complicidad y protección. Yo mismo, en primer lugar, tuve que ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para cargar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender». (Papa Francisco, Audiencia General, 4 de febrero 2015).
Esta gran y noble tarea de formar el corazón de nuestros hijos en la rectitud supone otra tarea: moldear nuestro corazón en la humildad, la rectitud, la honestidad y congruencia para tener la sabiduría y prudencia necesarias para acompañar, enseñar, corregir, animar a nuestros hijos con amor, ternura y firmeza.
Fuentes: https://conceptodefinicion.de/rectitud/