“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.
Antoine de Saint-Exupéry
Pensando en el valor de la honestidad y la congruencia, y luego buscando material para escribir sobre esos valores, me encontré el siguiente cuento, se los comparto para que leyéndolo cada uno de nosotros pueda pensar en la importancia de la honestidad y la congruencia en nuestra vida, y cómo queremos fomentar estas virtudes en nuestros hijos. Ahí les va el cuento:
“Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor. Pronto la charla devino en quejas acerca del interminable ‘stress’ que les producía el trabajo y la vida en general.
El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más selecta: de porcelana, plástico, vidrio, cristal -unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente exquisitas…Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado. Cuando lo hicieron, el viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo:
Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron pocas de las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo. Ésta es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al ‘stress’. Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos.
Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar las tazas de los demás. Ahora piensen en esto: La vida es el café. Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son meras tazas, que le dan forma y soporte a la vida y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevemos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.
¡Disfruten su café! La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo, sino la que hace lo mejor con lo que tiene; así pues, recuerden: Vivan de manera sencilla, tengan paz, amen y actúen generosamente, sean solidarios y solícitos, hablen con amabilidad”.
Al inicio del texto añadí la frase del cuento del Principito, porque me hace mucho sentido en relación a lo que expresa el cuento. Lo esencial: los valores con los que quiero vivir y quiero formar a mis hijos, solo se puede mirar con el corazón.
El texto nos pone frente a una pregunta vital: ¿Estoy formando a mis hijos para vivir desde valores esenciales —como el amor, la honestidad, el respeto, la responsabilidad— o los estoy formando para lo superficial?
En referencia al cuento, la taza es lo superficial y el café son los valores… ¿En dónde quiero cimentar la vida de mis hijos? ¿Qué ven ellos en mí? En el día a día, ¿qué pesa más en mi vida: la taza o el café? Creo que empezando por mí mismo, como padre de familia, cuestionando y cambiando lo necesario para vivir más desde los valores esenciales, puedo formar y acompañar mejor a mis hijos.
Soy docente Plenus y padre de familia, con el interés de formar y acompañar la vida de mis alumnos y de mis hijos. Busco que “mi café” —mis valores, mi forma de amar y acompañar, mi manera de estar en el mundo— sea bueno, aunque “mi taza” no sea la más bonita. Espero que ellos se lleven “mi café” y no “mi taza”.
Fuente: reflexionesdiarias.wordpress.com