Pasó ya el tiempo de navidad y de inicio de año nuevo, donde es fácil encontrar muestras de bondad o cordialidad, pero avanzamos más en el año y volvemos a las prisas, el individualismo, al estrés y se hace más evidente el trato impaciente, agresivo y hostil.
En nuestro Colegio queremos que la bondad, la cordialidad y el respeto no sean solo “valores de temporada”. Es por ello que en nuestra propuesta formativa tiene especial relevancia la virtud de la amabilidad, para que los valores antes mencionados sean un sello distintivo tanto en los alumnos como en todo el personal del Colegio.
Les compartimos una síntesis de un texto de Alex Rovira, en el que profundiza la importancia de vivir cotidianamente el valor de la amabilidad:
La amabilidad muestra dos acepciones. La primera se refiere a la persona que por su manera de ser y por sus acciones es amable, es decir, es fácil amarla, acogerla, recibirla, tratar con ella. La segunda (que va muy ligada a la anterior), se refiere a la cualidad de las personas que tienen una actitud afable, cortés y gentil hacia los demás.
La amabilidad es una virtud que está relacionada con el amor, la bondad y la solidaridad. La persona amable cree realmente en el ser humano, y busca ayudar de forma altruista, sin pensar en su propio beneficio.
Amable es el que hace de la delicadeza, la cordialidad, la empatía y la atención su carta de presentación. Amable es también quien regala cortesía, respeto, simpatía y sensibilidad, valores esenciales en la construcción del vínculo, de la confianza y de la convivencia.
La persona amable no invade, no molesta, articula su disposición al otro y al mundo desde el respeto. El amable promueve la cordialidad frente a la apatía, crea una cuerda, un camino, un puente, la posibilidad de una afinidad hacia el otro y hacia el mundo.
Quien es amable también es cívico, cuida aquello que le rodea, lo reconoce, lo respeta. Y la expresión de ello puede ser verbal o en un pequeño gesto que nunca es menor: qué poco cuesta expresar un ¡Buenos días!, o un ¡Gracias!, o esbozar una sonrisa desde el silencio, y a la vez qué poco cuesta recoger del suelo el papel que otro soltó sin importarle ensuciar el piso común que compartimos como ciudadanos de este mundo. Qué poco cuesta ser amable y cuánto cambiaría el mundo con unas mayores dosis de este agradable bálsamo.
Antes de terminar, pregúntate ¿Cómo ser ese bálsamo de amabilidad tanto en casa como en el Colegio? ¿Qué gestos de amabilidad quiero expresar?
¡Que la amabilidad sea nuestra manera habitual de relacionarnos!
Fuente: alexrovira.com